BUENOS AIRES (AP) - “Sean bienvenidos a la fiesta y espero que la gocen con la misma emoción que me ha empujado a mí hasta este escenario”, dijo Joan Manuel Serrat y por unos segundos pareció que el público haría estallar la sala más importante de Argentina.
De impecable vestuario negro y sonrisa permanente, Serrat abrió en el Teatro Colón con “Se equivocó la paloma” de Rafael Alberti, magistralmente acompañado por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
A sala llena y con público sentado en los pasillos entre las butacas, Serrat fue ovacionado de pie al entonar “Mi niñez”, “La bella y el metro” y “Princesa”, tres ya clásicos temas de su autoría.
Serio pero disuasivo pidió a los presentes que esperaran hasta el final de cada melodía para aplaudir y disfrutar de los arreglos musicales de la orquesta, que con gran fidelidad interpretó el espíritu de su último disco “Serrat sinfónico”.
El álbum es, según ha explicado el cantautor catalán, “no la simple adaptación, para orquesta sinfónica, de canciones ya existentes. Se han tenido que desnudar, una a una, destilar su esencia, volverlas a vestir con traje nuevo”.
Durante más de dos horas Serrat desparramó poseía que el público aprendió en cada nota. Pese al calor de la sala, los presentes per-manecieron imperturbables y sólo se movieron de su asiento para aplaudir.
Cómplice, divertido y con el estilo que le ha permitido mantenerse vigente como artista durante más de treinta años, Serrat encantó a la audiencia creando un clima de intimidad al sentarse junto al piano y desnudar su alma al relatar la importancia en su vida de ciertos temas como el catalán “Fa vint anys que dic que fa vint anys...”.
También cedió espacio al humor al bailar un improvisado “tap” mientras la orquesta tocaba “Benito” y responder jocosamente a una dama que desde uno de los balcones del teatro se quejaba del sonido. “Pues yo la escucho estupendamente señora”, dijo entre risas a la desaforada espectadora.
El apogeo del recital fue de la mano de “Aquellas pequeñas cosas”, “Mediterráneo” y “Pueblo Blanco”, de su disco “Medi-terráneo” de 1971, y de la incomparable “Penélope”.
Para el final la mejor elección, el poema de Antonio Machado al que años atrás le puso una melodía maravillosa: “Cantares”.
“Se hace camino al andar”, coreó el público. Camino que desde su Barcelona natal
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