Comenzó a mediados de diciembre cuando un vendedor de frutas tunecino se prendió fuego y desencadenó la revuelta que en pocos días derrocó a Zine El Abidine Ben Ali tras 23 años en el poder. Apenas unas semanas después tuvo lugar un hecho similar en el Cairo: un hombre intentó inmolarse delante de la Asamblea del Pueblo. Continuaron las hogueras humanas varios días hasta que miles y miles de egipcios se movilizaron en manifestaciones antigubernamentales. La mayoría son jóvenes y se comunican por Twitter y Facebook. Es una Revolución del Siglo 21. ¿Qué piden? Vivir mejor. Es decir, tener buenos empleos, movilidad económica, dar el salto a la modernidad. Entienden que es tarde para que el presidente Hosni Mubarak, de 82 años, que ha gobernado con mano de hierro al país por tres décadas, sea el artífice de las reformas. El clamor general es ¡fuera Mubarak! Han perdido el miedo.
Los primeros momentos fueron confusos. Más y más manifestantes se apoderaron de las calles de varias ciudades, a pesar de la prohibición de las autoridades. La policía intentó controlar la situación. Hubo detenciones, palos, heridos, disparos, muerte. Pero los egipcios no se fueron para sus casas. Les cortaron el acceso al Internet.
Tampoco desistieron. Si los tunecinos lo han hecho, también podremos los egipcios, declaró el opositor moderado y Premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei que regresó del exilio. Mubarak quiere negociar, pero está en una posición de debilidad. Debió dar la orden de que no hubiera más represión. Tal vez pensó que comenzaría el pillaje y el caos que desacreditarían la revuelta popular. No le faltó razón. Pero el pueblo formó sus milicias y protegió sus instituciones y propiedades. Restableció el tono de reclamos legítimos.
El ejército es altamente respetado y querido en Egipto. Pronto se vio a los soldados paseando a los manifestantes subidos a los tanques. ¿Obedecería el ejército una orden de disparar al pueblo? Todo indica que no. Mubarak hace cambios en el gobierno, y, bajo presión de Estados Unidos, restaura al acceso al Internet, promete un diálogo nacional, reformas. Pero los manifestantes siguen dueños de las calles pidiendo que se marche el dictador. Mientras escribo estas páginas la gran marcha contra el presidente desborda la Plaza de la Liberación y sus alrededores, pese a que hayan suspendido trenes y cerrado calles y redes electrónicas. Se ven familias con niños que quieren que los pequeños sean
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