/>Junte todo eso lo que tiene en su computadora y tiene un espejo digital de lo que es su vida. Y como en el mundo cibernético el "espacio" de almacenamiento es un término virtual, y porque el acceso es instantáneo, nuestros recuerdos digitales son mucho más completos que lo que jamás fueron nuestros archivos físicos.
En la vida digital, almacenar recuerdos no le va a atestar la casa. Dieciséis versiones de la misma foto no son un problema, porque no hay que imprimirlas todas. Las películas descargadas de Amazon.com no requieren estantes llenos de VHS. Uno puede darse el lujo de preservar papeles que de otra forma hubiera botado.
Por supuesto, existe algo melancólico cuando se deja detrás el pasado físico –incluso el presente físico– y lo tiene todo en tecnologías menos sólidas, menos táctiles.
¿Qué pasa con el alma de algo cuando su manifestación física no existe más? ¿Es la amarillenta foto de 1897 que estuvo en las manos de tu padre, tu abuelo y tu bisabuelo lo mismo que su reproducción en un montón de pixeles?
No es que éste haya sido el primer cambio de ese tipo en nuestras vidas. Cada invento que rediseñó nuestras relaciones con información, desde el telégrafo hasta la televisión hasta Facebook, fue recibido con sospechas de que algo de nuestra humanidad quedaría perdido.
El atrevimiento de la música grabada irritó tanto a John Philip Soussa que el conductor fustigó su existencia. "La música enseña todo lo que es hermoso en este mundo", escribió en 1906. "No la obstaculicemos con una máquina que narra la historia ... sin variación, sin alma, despojada del gozo y la pasión".
"Existe un sentido de incomodidad", dijo Edward Tenner, autor de "Our Own Devices: How Technology Remakes Humanity". Pero "siempre estamos en transición. Existe la ilusión de que hay un futuro estable hacia el que nos encaminamos. Y pienso que la norma es que siempre tenemos esta mezcla de lo nuevo y lo viejo".