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Es todo un lema universal en los padres decir “quiero lo mejor para mis hijos”. No niego haberlo repetido muchas veces, sin embargo surgen las preguntas y dudas que me llevan a un cuestionamiento infinito sobre lo que está bien y que no está bien en este proyecto de vida.

Mientras conduzco hacia mi trabajo pienso en esto y se me hace imposible por ratos estructurar una idea lógica o correlativa acerca de cómo criar a mis hijos. A veces me pregunto si soy y seré yo quien garantizará el producto final y otras veces me contradigo, porque tengo mis dudas, las que están basadas en la influencia social (variable que será dificil controlar)... .En cuanto mejor lleve mi vida en función a los valores morales y éticos, más efectivo seré como modelo inspirador en mis hijos. . . (esto último me suena muy interesante).

Preguntas como ¿cuán involucrado estoy en la vida de ellos?, ¿son ellos los que me enseñan a ser padre y yo a ellos a ser hijos?, ¿soy yo lo mejor como padre para mis hijos?, ¿en qué circunstancias podría resultar nociva mi presencia en el hogar?. Probablemente necesite un “manual de funcionamiento” para padres.

Me viene a la mente las palabras de un destacado psiquiatra colombiano Carlos Carvajal, cuando cita una teoría sobre el desarrollo humano durante el primer año de vida y cómo esta teoría pone énfasis en la ansiedad y la relación con los primeros objetos que rodean al ser humano, esto estaría determinando la estructura de su personalidad. En cuanto a mi, creo yo haber tenido una relación muy afectiva con mis niños a esa edad.

En una de las charlas psicoeduca-tivas, un padre me decía que uno de sus sueños “extraordinarios” era que su hijo pueda hablar español e inglés, y que tuviera buenos grados en la escuela, él decía: “ojalá que mi hijo me salga buen muchacho en el futuro, ya que por ahora no me hace caso”. Fue interesante refle-xionar después de escucharlo, especial-mente, darme cuenta que muchos padres no perciben su protagonismo en el desarrollo de sus hijos y más bien se lo atribuyen al azar cual si fuese un juego de lotería. Los padres están desconec-tados del significado de contexto familiar que es tan importante para ejercer nuestros roles y por consiguiente la responsabilidad inherente en nosotros, incluso cuando mencionó la palabra “extraordinario” yo me pregunté a mi mismo ¿por qué llamar así a un proceso que tranquilamente podría ser coti-diano?...

Otros padres suelen preguntar cómo enfrentar los comportamientos agresivos de sus hijos, cómo castigarlos cuando golpean al hermano menor, o también “y si me contesta mal,,,”, “y si me trae bajas calificaciones del colegio”. Es como si los padres tratasen de establecer un sis-tema represivo o por lo menos perfec-cionar el ya existente, mientras que casi nadie muestra curiosidad por la salud emocional del niño ni por la razón de tales conductas o resultados.

Ha sido común por años querer aprender a ser buen padre repitiendo los roles vistos en el hogar, lo que hasta la fecha es casi un modelo tradicional, sin embargo actualmente enfrentamos la influencia de la información que en flujos inmensos nuestros hijos reciben y que nosotros como adultos no podemos filtrar eficientemente, por lo tanto nos toca reajustar nuestro rol a estos tiempos nuevos.

Soy de los convencidos que una estrecha relación con nuestros hijos determinará el poder de influencia que podamos tener sobre ellos; esta estrecha relación (mas cualitativa que cuantitativa) deberá estar basada en la comunicación y el auto-conocimiento del hombre en su condición de ser humano, nos permitirá no sólo ser buenos padres sino también buenos esposos, hijos, tíos, abuelos, etc. Es casi como aceptar la no existencia de una educación formal de paternidad, pero si aceptar el auto-conocimiento para el futuro éxito en los roles que nos toquen asumir.

Simpatizo mucho con la educación basada en el desarrollo de la inteligencia emocional y el Afecto será una de las columnas principales en la crianza del niño. El buen humor podría mantener a la ira en pausas muy largas (o por lo menos hacerla expresarse con menos rudesa) y también podría aumentar la tolerancia entre los miembros de la familia. Finalmente, juntos el buen humor y la tolerancia serán la mejor estrategia que podamos poner en práctica para establecer los tan necesarios límites. Es necesario no entender los límites como si fuesen reglas de restricción arbitrarias, sino más bien entenderlos como un recurso protector en beneficio de los hijos.

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