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Bancarrotas de bancos, agroinsa, CNU y transportistas

La Peste, la Miseria, el Hambre y la Muerte, los clásicos Cuatro jinetes del Apocalipsis, han sido superados en Nicaragua por las bancarrotas fraudulentas de algunos bancos; la infame demanda de AGROINSA contra INISER, la empresa de seguros del Estado; las insensatas demandas del 6% de los ingresos tributarios del Estado, más otro tanto de las donaciones y préstamos internacionales por parte de los rectores del Consejo Nacional de Universidades y pandilleros disfrazados de estudiantes que los respaldan, y los chantajes de los magnates del transporte colectivo, los que han convertido la chatarra ambulante en un lucrativo negocio.







Las indemnizaciones que se están pagando a todos los propietarios que les confiscaron sus bienes durante la llamada década perdida y que a través de las famosas „piñatas‰ fueron repartidos entre una pandilla de falsos revolucionarios, los que antes afirmaban que la propiedad privada era un robo y ahora sostienen que el robo se transforma en propiedad privada, constituyen una carga onerosa para el pueblo nicaragüense, ya que una parte de los impuestos que pagan se utiliza para amortizar anualmente el principal e intereses de la abultada deuda interna de Nicaragua.







Las bancarrotas fraudulentas de los bancos que se dieron durante los gobiernos anteriores, representan otra componente importante de esa abultada deuda interna de Nicaragua. Lo curioso de estos casos es que quienes están pagando las consecuencias de esos actos delictivos son siempre los contribuyentes nicaragüenses, mientras que los verdaderos responsables están gozando de ese dinero mal habido, tanto en Nicaragua como en el extranjero.







Pero lo que verdaderamente chorrea sangre es que a través de sentencias judiciales muy sui géneris, los que debieran estar en la cárcel por las bancarrotas fraudulentas de los bancos, sean beneficiados con la restitución de los mismos, haciendo caso omiso de las resoluciones dictadas en su oportunidad por la Superintendencia de Bancos, lo que equivale a una nueva componente de la deuda interna de Nicaragua.







La mayoría de las cooperativas del transporte colectivo de Nicaragua están en manos de antiguos miembros de los cuerpos más represivos de la dictadura frentista, a quienes hay que reconocerles un mérito indiscutible. Son los únicos que en el mundo entero han convertido en un lucrativo negocio la explotación de la chatarra ambulante, super-depreciadas y que a través de amenazas de huelgas violentas, combinadas con retenes en las carreteras y pistas de circunvalación de las principales ciudades de Nicaragua, para no paralizar las fábricas y que los trabajadores ˆpor razones de fuerza mayor-, puedan asistir a sus centros de trabajo, que las autoridades, en un gesto de mantener la paz social, les concedan ayudas extraordinarias, orientadas a que reemplacen sus destartaladas unidades para beneficiar a los cientos de miles de usuarios que tienen en todo el país,















Todas estas acciones persiguen propósitos múltiples, orientadas a mantener en situaciones precarias al Gobierno que eligió el cuerpo electoral de la Nación el 4 de noviembre de 2001, cuando en una decisión consciente del destino colectivo, eligieron a las Autoridades Supremas de la República. Pero la estrategia de las acciones desestabilizadoras es que este Gobierno no pueda cumplir sus promesas de campaña.







Después de arduas negociaciones, el Gobierno de la República logró que Nicaragua ingresara a la HIPC, lo que demandó mantener la estabilidad macroeconómica a través de acertadas medidas de política fiscal y el saneamiento de las finanzas públicas, pero los cientos de millones de córdobas que es menester transferir al CNU; a los transportistas; pagar pasivos ˆno activos- de los bancos que fueron intervenidos por recomendaciones de la Superintendencia de Bancos; la amenaza del pago de una demanda insensata a AGROINSA, etc., constituyen los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la Economía Nicaragüense.







Es necesaria una enérgica reacción popular de apoyo al Gobierno Constitucional de la República y la comprensión de los organismos multilaterales de crédito, de la comunidad donante y de los países amigos de Nicaragua, para conjurar todos esos intentos desestabilizadores que tan sólo generarían mayores desgracias para las grandes mayorías nacionales.







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